La búsqueda de una mascota…No creía en el amor a primera vista, hasta que te vi!!
Hace 8 años mi esposo y yo, después de tres años de hermoso matrimonio, viajes experiencias, equivocaciones y altibajos, decidimos tener un perro. Para poder tomar la decisión que raza…fue un tema. Él quería un Pug, entonces investigue sobre la raza y lo que más recuerdo es que uno de sus problemas era que se podían desmayar de repente 😅. Morí de risa cuando leí esto en un artículo de perros de raza Pug.
Me imaginaba paseando a mi perro, pero en el momento de cruzar la calle “pop” se desmayaba, llegaba un coche y les dejo a la imaginación lo que seguía. Tenía excelentes beneficios el Pug, sin embargo me clavé en que se podría desmayar. Por lo tanto, quedó descalificado de mi lista. Al final, mi esposo y yo escribimos una lista describiéndonos como somos, a partir de ahí empezamos a buscar un perro con esas cualidades o personalidad parecidas. Entonces, decidimos que el Labrador Retriever (o sea el perro de PÉTALO).
La palabra adopción no estaba en mi vocabulario mental en ese momento y como principiante en obtener un perrito fui a Mascota a comprar un Labrador. Obviamente no tenían. Nos dijeron que en 1 mes llegaba, pero como todo en Cancún después de tres meses nunca llegó y pedimos nuestro pago de vuelta.
Checando unas páginas en internet, localicé un criadero de Labradores en Mérida, Yucatán. Contacté al Criador, por mi sorpresa me comentó que su perra y su perro campeón acababa de tener una camada. Le comenté a mi esposo y nos fuimos en carretera a Mérida a buscar un perro macho labrador.
Al llegar, entramos a una casa en donde vimos varios perros labradores de diversos colores (beige, negro, café). Al fondo de su casa, exactamente en lo techado de su patio estaba una jaula pequeña, con dos perritas ladrando y brincando a nosotros, pero en una esquina de lado derecho de la jaula estaba el último macho de la camada, chiquito, sentado y tranquilo, se me hizo tan tierno verlo que en ese momento volteo a ver a mi esposo y le dije es él.
Camino a casa
Los tres nos subimos a la camioneta, para irnos al nuevo hogar de Sheldon. Tenía 4 meses de edad. Se fue en el asiento de atrás. A la mitad del camino lo veíamos raro, hasta que nos dimos cuenta que se había mareado, ya que nos vomitó toda la parte trasera y nosotros sin estar preparados para el vómito de un perro.
Después de tres horas de camino, llegamos por fin a casa. Le fuimos a comprar una cama roja y su plato de cerámica, que me habían encantado. Y a partir de ese momento ya éramos tres integrantes en la familia.
Bienvenido mi Sheldon.